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| 23 enero | A 27€ B 20€ C 15€ D 10€ | Aplicables descuentos habituales | |||||
Director: EDMON COLOMER
Guitarra: PEPE ROMERO
Iberia: Málaga, I. Albéniz / C. Suriñach
Nocturnos de Andalucía, L. Palomo
Iberia: Rondeña, I. Albéniz / C. Suriñach
Imágenes para orquesta: Iberia, C. Debussy
España, E. Chabrier
Salón Rossini del Teatro Cervantes
22 / 23 18.00 h.
UNA HORA CON EL MAESTRO
Fernando Anaya (profesor invitado), La malagueña en el mundo
La "malagueña" es hoy patrimonio universal de la cultura. El programa que cierra esta temporada es un reconocimiento fugaz, aunque intenso, al poder de seducción que el alma de Andalucía ha ejercido sobre tantos artistas. Albéniz, Palomo, Debussy y Chabrier son algunos de sus representantes más importantes.
Un año después de que Vicente Aleixandre cantara a Málaga como “ciudad del paraíso”, nacía en ella el gran guitarrista Pepe Romero (1944). La vida le llevó a Estados Unidos cuando aún no era adolescente, sin romper su fuerte vínculo emocional con España, con Málaga. El mismo sentimiento de apego a su tierra, de nostalgia si se quiere, embarga al compositor cordobés Lorenzo Palomo (1938), en este caso, desde Berlín. La sintonía entre los dos artistas alumbró una obra como Nocturnos de Andalucía, una suite para guitarra y orquesta, recorrida de ecos poéticos y flamencos.
Isaac Albéniz (1860-1909) y Carlos Suriñach (1915-1997) también cantaron a España, a Andalucía (sin menoscabo alguno de sus orígenes catalanes) desde fuera, desde Francia uno, desde Estados Unidos el otro. Iberia es, sin duda, la obra cumbre de Albéniz, aquella en la que asienta y destila todo lo aprendido, todo lo vivido. Su españolismo (andalucismo casi) se desliga del localismo infructuoso y alcanza un valor universal. Debussy quedó deslumbrado por la riqueza de imágenes del piano albeniziano. La admiración de Carlos Suriñach, por su parte, nos permite hoy escuchar transpuestos a una brillante orquesta los opulentos colores pianísticos de Albéniz, en dos piezas escogidas de los cuatro cuadernos: Rondeña y Málaga.
Nostalgia, realidad, invención, es difícil perfilar la línea entre una y otra. Escuchamos una música sugerida por la propia tierra pero que ha necesitado de otros fermentos foráneos para brotar tan inspirada, tan auténtica.
Al mismo tiempo, los compositores de más allá de nuestras fronteras también sienten la atracción por lo español. Una orquesta luminosa, con castañuelas y pandereta marcando un ritmo característico, y una grácil silueta de un arabesco “elégant et bien rythmé”. Claude Debussy (1862-1918) no necesitó más para, en unos pocos compases, llevarnos “Por los calles y caminos” de una España soleada y gozosa, salpicada de ciertas notas melancólicas, de un poso de tristeza pronto acallado. Es una España que, bordeando el tipismo más huero, consigue asombrosamente eludirlo, como no se cansa Manuel de Falla de proclamar.
Cuatro meses estuvo Enmanuel Chabrier (1841-1894) en tierras españolas. Fueron suficientes como chispa creadora para una nueva partitura. “Todo era música y alegría”, dirán los que la escucharon y la celebraron. Ésa era la idea más difundida de nuestro país, la que atesoraba el público y la que Chabrier reflejó. En España encontramos, efectivamente, la representación tópica, con su vibrante jota y la melancólica malagueña, “ciudad no en la tierra” que diría el poeta.
www.orquestafilarmonicademalaga.com