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Director: THEODOR GUSCHLBAUER
Piano: JAVIER PERIANES
Turandot. Obertura, C.M. von Weber
Concierto nº 23 para piano y orquesta en La mayor, K. 488, W.A. Mozart
Variaciones sobre un tema de Joseph Haydn, Op.56ª, J. Brahms
Metamorfosis sinfónicas, P. Hindemith
La tradición germánica, de la que todos los compositores de este programa son insignes representantes, siente predilección por las variaciones, en las que encuentra la satisfacción de los anhelos, aparentemente contrapuestos, de unidad y contraste. Empezando no por orden de programa sino por cronología, recordemos las anécdotas a las que dio pie en distintas ocasiones la facilidad mozartiana para jugar con un tema ajeno o propio. No es el caso de una de sus más alabadas contribuciones al género concertante, el Concierto nº 23 para piano y orquesta en La mayor, K. 488, aunque algo de esta maestría en el manejo, en la transformación de las melodías, la podemos disfrutar en el “Adagio”, en cómo ornamenta la idea musical, bellísima en su simplicidad. Escuchamos de principio a fin a un maduro Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), en la cúspide entonces de su fama vienesa.
Como obertura para la música incidental de Turandot, Prinzessin von China de Friedrich von Schiller, Carl Maria von Weber (1786-1826) recurre a una página sinfónica escrita en 1804. El singular tema, pentatónico, lo encontró Weber buceando por las páginas del Diccionario de la música (1768) de Jean Jacques Rousseau, bajo la leyenda “air chinoise”. El flautín nos lo presenta y la extendida percusión termina de completar este delicioso fragmento exótico a la romántica, una pintura sonora de seducción oriental.
Los dos compositores siguientes, tanto Johannes Brahms (1833-1897) como Paul Hindemith (1895-1963), son muy conscientes de su papel de perpetuadores de una tradición musical a la que rinden continuamente homenaje. Una de las formas de ahondar y señalar esos lazos es el préstamo, casi podríamos decir simbólico, de temas pretéritos, Haydn en el caso de Brahms (aunque actualmente parezca más que improbable la autoría haydniana) o Weber en el de Hindemith (que parece regirse por razones íntimas más que de popularidad al seleccionar los fragmentos weberiano, entre ellos el de la obertura de Turandot). El armazón formal de la obra se explicita desde un primer momento, un tema con variaciones, lo que incita al compositor a la experimentación con ritmos, texturas, armonías, caracteres, tempi, timbres. Tanto Brahms como Hindemith se muestran seguros en este reto, alcanzando una sobresaliente sofisticación que ha convertido a estas obras en valores seguros del repertorio orquestal. Son músicas en las que la deuda con el pasado resulta nutricia para el presente.
www.orquestafilarmonicademalaga.com