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P11. SEMANA SANTA.
W.A. MOZART

viernes, 18 marzo, 21.00 h.
sábado, 19 marzo, 20.00 h.
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01 septiembre A 36€  B 27€  C 20€  D 12€ Aplicables descuentos habituales

Director JORDI CASAS

Gran Misa en do menor, K 427, W.A. Mozart
EUGENIA BOIX soprano I 
MARÍA HINOJOSA soprano II
GERARDO LÓPEZ tenor
MARC PUJOL bajo
CORAL CÁRMINA NOVA
Director Diego González

> duración 1.00 h. (s/i)

Se puede afirmar que la Gran Misa en do menor, K 427 de Mozart es una de sus creaciones más personales y, junto al Réquiem, K 626, una de las cimas de toda su obra. Lejos de ser el resultado de un encargo, tiene la autenticidad de haber surgido de lo más profundo de su ser humano y musical, como una necesidad que trasciende la belleza que aquí además se convierte en buena y verdadera al superar aquellas otras misas que compuso para el Arzobispo Colloredo. Ésta la escribe no solo con total y absoluta libertad, reforzando la orquestación y los coros, sino superando el estilo fugado, que no satisfacía las necesidades de expresión de un arte musical nuevo que bullía en su talento genial.
Cuando Mozart la escribe (1782-1783) no conoce aún las singulares obras religiosas de Bach como la Misa en si menor o sus grandes Pasiones, con las que el Cantor de Santo Tomás de Leipzig prácticamente no había dejado resquicio alguno a los compositores venideros. De ahí la importancia de esta misa solemne, sin duda, inspirada en esa música pura instalada más allá de las categorías de lo religioso y lo profano, que ya apuntó Bach en su Arte de la Fuga y que, posteriormente, Beethoven llevaría a cotas inimaginables. Estas consideraciones no hacen sino realzar lo que consigue Mozart con esta misa ya que, siguiendo su propia senda creativa, da un paso de gigante en el arte musical sacro y en su propia trayectoria. Su inspiración creció por convicción en la necesidad de afrontar nuevos horizontes llegando, con esta obra, más lejos de lo que se podía concebir en su época.
Esta obra alcanza la importancia de su Don Giovanni por el tratamiento que hace a cada una de las partes de la misa, encontrando especialmente en el Benedictus su capacidad de encuadre formal como tienen sus últimas grandes sinfonías, y se anticipa al Réquiem en los contrastes de su estructura donde se alternan pasajes fuertes con otros suaves, correspondiendo a su adaptación a la fonética del contenido de cada versículo, modelo que sigue Mozart en coherencia con el profundo conocimiento del rito de la missa romana
Según una carta de Mozart  a su padre, la obra fue fruto de una promesa que a sí  mismo se hizo: "Respecto a la obligación moral, nada hay más exacto, y esa palabra la ha escrito mi pluma con toda la intención. Hice realmente esa promesa en mi corazón, y realmente espero cumplirla. Cuando la hice, mi mujer estaba todavía enferma; pero como yo estaba decididamente resuelto a casarme con ella en cuanto se curase, podía prometerlo fácilmente. …; como prueba de la realidad de mi voto, tengo la partitura de la mitad de una misa, y sobre ella aliento las mejores esperanzas". Su primera representación tuvo lugar en Salzburgo el 26 de octubre de 1783 cantando los a solo Constanza, la esposa del compositor. 

www.orquestafilarmonicademalaga.com

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