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P01. L.V. BEETHOVEN y
P.I. TCHAIKOVSKY

viernes, 11 septiembre, 20.30 h.
sábado, 12 septiembre, 20.00 h.
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01 septiembre A 24€  B 18€  C 13€  D 9€ Aplicables descuentos habituales

Director MANUEL HERNÁNDEZ SILVA

Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op.61, L.v. Beethoven
AMAURY COEYTAUX violin
– 
Marcha eslava, Op.31, P.I. Tchaikovsky
Francesca da Rimini, Op. 32, P.I. Tchaikovsky

> duración 1.30 h. (c/i)

Considerado como un poema amoroso, el Concierto para violín y orquesta en Re mayor de Beethoven es uno de los referentes del repertorio concertante por el sustancial sentido romántico de su belleza. Compuesto en 1806, fue dedicado a Stephan von Breuning, primer violín del Theater an der Wien, en cuyo escenario se estrenó el 23 de diciembre de ese mismo año con la actuación del gran violinista Franz Clement, amigo del compositor. Una de las características de esta obra es su compacta orquestación, que en modo alguno no impide el protagonismo del violín, siempre destacado y brillante, viéndose reforzado y enaltecido su discurso precisamente por el denso tejido orquestal que se le contrapone. Sus tres movimientos siguen el modelo clásico, encadenándose tiempo rápido seguido de lento para terminar con otro ligero, en este caso un rondó. En el primero, Allegro ma non troppo, surge todo el esplendor de este concierto ya desde la especie de cadencia en la que aparece el violín, dando lugar a los dos temas en los que se basa esta primera parte de la obra. Puede entenderse como una romanza el contenido del Larghetto central, manteniéndose un tema a lo largo de algunas variaciones que van enriqueciendo sucesivamente su inspiración poética expresada en la tonalidad de Sol mayor. La ornamentación que pide el compositor en el violín es uno de los aspectos a destacar en este tiempo. Una intensa modulación final desemboca en el Rondo que cierra la obra. Son dos estribillos los que sustentan su contenido, destacando aquél en el que el violín canta una lírica melodía acompañado por instrumentos de metal para terminar en una corta cadencia, antesala de los vigorosos acordes finales en tonalidad mayor con los que concluye el concierto.
Dos obras de Tchaikovsky completan esta velada sinfónica. La primera es la conocida y descriptiva Marcha eslava en si bemol menor, Op.31 que el compositor escribiera en 1876 con motivo de la guerra de rebelión de Serbia contra el Imperio Otomano. Rusia aportó muchos voluntarios a tal contienda lo que provocó un profundo sentimiento nacional en Tchaikovsky, que con esta página quiso homenajear a sus compatriotas muertos y heridos en este episodio bélico. Francesca da Rimini, dedicada a Tanéyev, es una especie de fantasía sinfónica a modo de suite en la que Tchaikovsky relata musicalmente el encuentro en el infierno de Dante y Virgilio con los condenados por adúlteros Paolo y Francesca. Con una música trepidante, esta pieza orquestal es tenida como una de las obras más impactantes del compositor por sus intensos contrastes, que van desde los felices recuerdos de los amantes, condenados al tormento, hasta los arremolinados cromatismos de los vientos infernales que recuerdan faústicas piezas como la Sinfonía Dante o el Totentanz de Liszt. Fue estrenada en Moscú por Nicolás Rubinstein en marzo de 1877.

www.orquestafilarmonicademalaga.com

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