
EL TEATRO CERVANTES DESEARÍA COLABORAR EN EL OCTUBRE PICASSIANO
El Teatro Cervantes desearía colaborar en el Octubre Picassiano para lo cual gestiona la puesta en escena de El deseo atrapado por la cola (Le désir attrapé par la queue), la farsa teatral surrealista en seis actos escrita por Pablo Picasso en 1941, que se estrenó en el apartamento del matrimonio Leiris, el 19 de marzo de 1944. Michel Leiris fue el encargado de seleccionar a los actores, Georges Hugnet realizó el acompañamiento musical y Albert Camus se ocupó de la dirección de la obra. La representación contó con un singular reparto: Michel Leiris (Le Gros Pied), Raymond Queneau (L’Oignon), Zanie Campan (La Tarte), Simone de Beauvoir (Sa Cousine), Jean-Paul Sartre (Le Bout Rond), Louise Leiris (Le Deux Toutous), Jacques-Laurent Bost (Le Silence), Germaine Hugnet (L’Angoise grasse), Dora Maar (L’Angoise maigre) y Jean Aubier (Les Rideaux).
Aquel acto constituyó una de las “fiestas” (reuniones acuñadas con ese término en español) que organizaron los Leiris durante la ocupación alemana y fueron descritas por Simone de Beauvoir en La force de l’âge, su libro de memorias.
El texto de Picasso, considerado una de las obras más características y representativas de la literatura que se produjo en Francia durante la ocupación alemana, refleja, además de subrayar la penosa situación de carestía que sufría la población, una influencia determinante de los acontecimientos bélicos, tanto de los que habían acontecido en la guerra española como de los que sucedían en aquel momento, causados directamente por la contienda mundial.
En la primera lectura de Le désir attrapé par la queue, Picasso, a modo de homenaje, colocó, sobre la chimenea del apartamento de los Leiris, un retrato de su amigo el poeta Max Jacob, fallecido quince días antes en el campo de concentración de Drancy. Como testimonio de aquel estreno de la obra existen dos fotografías de Brassaï, realizadas el 16 de junio de 1944 en el estudio de Picasso, situado en el nº 7 de la Rue des Grands-Augustins de París, tres meses más tarde del acontecimiento. Para la ocasión posaron algunos protagonistas y espectadores: Jacques Lacan, Cécile Eluard, Pierre Reverdy, Louise Leiris, Zanie Campan, Pablo Picasso, Valentine Hugo, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Michel Leiris, Jean Aubier y el mismo Brassaï.
El deseo atrapado por la cola supone la primera obra de teatro escrita por Picasso, que algunos califican de "comedia barroca", pero también la podríamos calificar de juego poético, de fantasía cósmica e incluso de sainete surrealista. Puro divertimento lírico y provocador. Con esta dramaturgia, el pintor malagueño entremezcla todos sus sueños nocturnos y diurnos.
En cualquier caso, es una invitación al placer, al mágico acto propiciatorio del placer, ese pez resbaladizo cuya cola se nos escapa una y otra vez. Picasso nos pinta la cotidianeidad más absoluta saturada de detalles que reflejan las duras condiciones de la vida del momento en que está escrita la obra (durante la siniestra y triste Segunda Guerra Mundial): las restricciones, de todo tipo, la escasez de alimentos, el frío que soportan a diario, la falta de liquidez a la hora de pagar el alquiler del estudio. Se vive de ilusiones, de quimeras, de palabras poéticas y delirantes.
La magia de la palabra, auténtica protagonista del texto, reside en la pura orgía de metáforas cuyo referente común estriba en el deseo sin freno, el placer, las ganas de vivir, de amar, de hacer el amor. La necesidad irreemplazable, acuciante, luminosa, resplandeciente, de la belleza y del placer.
Junto al deseo, otro personaje campea en la obra: la libertad inventiva, la imaginación en el poder, el espíritu siempre cambiante escondido en ese mismo Pablo Ruiz Picasso, que es también, sin duda, personaje principal, en carne y letra, en sangre y sueño, de esta obra. |
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